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Cultura de participación

Una cultura de participación es una cultura en la que los criterios de expresión tanto artísticos como cívicos (o políticos) alientan a crear y compartir; en la que sus miembros consideran que sus contribuciones importan; en la que se dan grados de conexión social que hace que importe lo que los demás piensen de lo creado; y en las que participar es esencial, más importante incluso que si es a favor de un “sí” o un “no”. Pero la tentación de pensar que la participación, que la cultura de la participación, se dará naturalmente apunta tres razones para preocuparse: no todos tuvieron las mismas oportunidades de acceder; hay que entender cómo los medios afectan a la percepción del mundo; y, prepararse para pode tener un papel activo en esta sociedad, en este modelo, tan cambiante.

Expertos como Henry Jenkins, profesor del MIT, a quien llegamos gracias a Francis Pisani, hablaba sobre una serie de competencias y habilidades necesarias: abordar la solución de problemas como si fueran juegos; crear simulaciones y modelos dinámicos; apropiarse de contenidos digitales y usarlos mezclados con otros; trabajar colectivamente para aumentar las capacidades cognitivas y contribuir a la inteligencia colectiva; apreciar el valor y la credibilidad de las fuentes encontradas en la web; crear redes, seguir historias y relatos contados en variedad de medios; y negociar con las diferentes comunidades en relación.

Profecías (1984, 2001, 2019)

Por Rafael Argullol

Al fin y al cabo en 2012 ya habitamos un mundo en que muchos otorgan más realidad al ámbito virtual que a lo que Clarke y Kubrick, en su época, hubiesen considerado perteneciente a la esfera de lo real… Nuestro escenario no está en absoluto lejos de lo que puede ser el de 2019, incluso en su dimensión desesperanzada y apocalíptica, tras el abandono de las utopías. 1984, 2001, 2019: las profecías no se cumplen. Aunque en cierto sentido sí se cumplen, y marcan nuestros días.

Replicantes

Replicantes

Recuerdo que cuando el calendario nos introdujo en 1984 algunos nos preguntamos qué se había cumplido y qué no de las visiones descritas por George Orwell en la novela que llevaba por título ese año. El balance era desigual. Por un lado parecía relajarse el clima de la guerra fría que había marcado, tres décadas antes, la escritura del texto. De hecho, poco después, caería el muro de Berlín y, oficialmente, se daría por terminada una etapa nacida en la Segunda Guerra Mundial. Como le sucedía a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1984 estaba completamente moldeado por el terror al totalitarismo que se había despertado en muchos escritores tras descubrir la deriva sanguinaria del estalinismo. El mismo Orwell había experimentado en carne propia esta amarga revelación durante su estancia en España como combatiente republicano en la contienda civil. Al llegar el año 1984 el mundo parecía alejarse velozmente del fantasma comunista profetizado por Marx y convertido por Stalin en un carnicero.

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Neuronas y universos

La imagen de la izquierda corresponde a una neurona, una célula de ratón. Mide unas pocas micras. A la izquierda de la imagen se ven tres neuronas (dos en rojo, una en amarillo) y sus interconexiones. Mientras tanto, en el Max-Planck-Institute for Astrophysics, en Alemania un equipo internacional de astrofísicos utilizaba una simulación informática para representar cómo podría ser el aspecto del Universo en crecimiento y expansión. En la imagen de la derecha se representa un gran cúmulo de galaxias (en el centro y en amarillo) rodeado de estrellas, galaxias y un montón de materia oscura (también conocido como “eso que no tenemos ni idea de qué es”). Cuando se ponen una junto a otra sorprende ver como dos fenómenos naturales tan tremendamente diferentes siguen patrones parecidos, comentaba David Constantine en el The New York Times (vía Microsiervos: Parecidos razonables).

Los Qualia

Término filosófico que define las cualidades subjetivas de las experiencias mentales. Por ejemplo, la rojez de lo rojo, o lo doloroso del dolor. Los qualia simbolizan el “gap” (hiato) explicativo que existe entre las cualidades subjetivas de nuestra percepción y el sistema físico que llamamos cerebro. Las propiedades de las experiencias sensoriales son no cognoscibles en la ausencia de la experiencia directa de ellas; como resultado, son también incomunicables. La existencia o ausencia de estas propiedades es un tópico calurosamente debatido en la filosofía de la mente contemporánea.

Los Qualia han jugado un rol importante en la filosofía de la mente. Hay un debate sobre la precisa definición de los qualia dado que varios filósofos enfatizan o deniegan la existencia de ciertas propiedades.

Por su parte, Daniel Dennett identifica cuatro propiedades que son comúnmente adscritas a los qualia: inefables; esto es, no pueden ser comunicados o aprendidos por otros medios diferentes a la experiencia directa; intrínsecos; esto es, son propiedades no relacionales, que no cambian dependiendo de la relación de la experiencia con otras cosas; privados; esto es, todas las comparaciones interpersonales de los qualia son sistemáticamente imposibles y, directamente o inmediatamente aprehensibles en la conciencia; esto es, la experiencia de un quale es saber que uno experimenta un quale, y saber todo ello es saber acerca del quale. Es importante notar que el quale no tiene el estatus de las propiedades observadas, las cuáles existen seguramente, pero podrían ser erróneas. En su lugar el concepto de qualia es el primero y el más dependiente de su propia definición, y la existencia de los qualia es predicada sobre la existencia de las propiedades que llenan su definición. Así si fuéramos a descubrir que existe una de tales propiedades como “qué es tener cierta experiencia” pero esta propiedad fuera conocible por otros, no sería un quale.